Qué es el aborto
Un aborto inducido es acabar con la vida de un ser humano en el seno materno. Es decir, matarlo.
Los eufemismos y el lenguaje proabortistas tienen por objetivo esconder esta realidad. Entre ellos encontramos:
- la «interrupción voluntaria del embarazo»
- los «derechos reproductivos»
- la «salud reproductiva»
- los «derechos de las mujeres»
- o la famosa expresión "mi cuerpo, mi decisión"
que buscan la deshumanización e invisibilización del ser humano en desarrollo dentro del seno materno. Todas estas expresiones en realidad niegan las nociones más elementales de Embriología, Medicina, Genética y demás ciencias biológicas, que muestran una evidencia absoluta de que la vida humana comienza en la concepción, justo cuando la mujer se queda embarazada.
- ¿acaso el bebé elige voluntariamente ser asesinado? ¿Es interrumpir un sinónimo adecuado para matar?
- ¿Qué tiene que ver el derecho a ser o no madre con el de matar a un hijo que ya está vivo?
- La salud de nuestro aparato reproductivo es tener hijos. Matarlos no tiene nada que ver con la salud.
- Las mujeres no tienen derecho a matar, igual que los hombres.
- Nadie aborta su propio cuerpo. Aborta el cuerpo de otro ser humano.
Ante la realidad de que después de la concepción tenemos un ser humano vivo y único, el abortismo trata de buscar justificaciones al objetivo de quitarle la vida, de descartarlo. Mantener el planteamiento de sexo "libre" y "sin consecuencias" (el que se practica hoy mayoritariamente) junto con el respeto a la vida (que es la natural consecuencia de las relaciones sexuales) no es factible. La justificación más frecuente consiste en deshumanizarlo o quitarle su dignidad, sus derechos y su personalidad. Darle vueltas al concepto de persona humana hasta hallar una excusa lo suficientemente biensonante para que las conciencias soporten y poco a poco acepten la supresión de esa vida. La nueva vida se convierte para quien ha caído en el egoísmo, en enemiga de su comodidad y de su independencia.
La base de la aceptación social del aborto
Lo que sustenta la progresiva aceptación del aborto en la sociedad española (y, en definitiva, en Occidente) es una crisis moral de gran calado. La sociedad del deseo personal como criterio desemboca en un egoísmo que alcanza límites inauditos. La tiranía del deseo se lleva por delante muchas cosas pero, sobre todo, al más vulnerable, al niño no nacido. Los hijos se presentan como algo «deseado» o «no deseado», como si fueran una obra personal, un producto, una opción como cualquier otra, como quien adopta una mascota o se compra un chalet. Desear o no tener un hijo es una decisión muy lógica y legítima ANTES de que ese nuevo ser humano COMIENCE A EXISTIR. A partir de la concepción de un hijo, ya no se desea tenerlo o no; se desea matarlo o se respeta su vida.
Se ha perdido la noción de «don», algo que nos es dado por Dios y que, por tanto, no es nuestro, sino una co-creación, y que lleva aparejada la gratuidad y el agradecimiento. La maternidad y la paternidad no se viven como una bendición ni como una responsabilidad que da sentido a la vida, sino como una «carga» que nos arrebata vivir al máximo nuestra «libertad» para el placer, el disfrute, el tiempo libre o lo que sea que deseamos.
Se da curiosamente una desconexión mental entre la propia existencia, que es consecuencia directa de la paternidad responsable y generosa de nuestros padres, y nuestro papel como futuros padres, nuestra responsabilidad en continuar con la creación de nuevas vidas.
En ese contexto, el sexo «libre» se vende como una conquista, cuando es la mayor de las pobrezas: regalar irresponsablemente nuestra intimidad más profunda al primero que aparece, y convertir el acto sexual en un entretenimiento casual.
La lógica del deseo personal desemboca irremediablemente en una lucha de egos, en la que otras personas estorban mi propio deseo. En el caso de la madre tentada al aborto, su «felicidad» percibida (seguir con su vida actual) choca con la maternidad que requiere atención, sacrificio y responsabilidades (aunque también signifique verdadera felicidad, vida con sentido, foco y satisfacción de traer a una nueva persona al mundo y acompañarlo en su desarrollo, y que, además, es para siempre, para toda la eternidad). En ese choque, ¿quién es la víctima? Por supuesto, el hijo que ha traido al mundo, que pagará con su vida. El momento puede ser percibido como más o menos adecuado u oportuno, pero la vida no consiste en tener en cada momento lo que nos apetece, y la vida creada no se puede «posponer» hasta que nos parece oportuno. Si la eliminamos, la eliminamos para siempre. El hijo que aparezca más tarde, si aparece, será otra persona.
Yo no lo haría, pero no me meto en lo que hagan los demás
La postura más usual en nuestra sociedad es la de «ponerse de perfil», aduciendo la libertad personal y la autonomía de las personas para tomar decisiones sobre «su cuerpo». El no nacido no es el cuerpo de la mujer, ni forma parte de él. Simplemente está dentro de él. El bebé, cualquiera que sea su etapa de desarrollo, desde un zigoto hasta el feto, tiene su propio cuerpo y esto es una evidencia científica fácilmente comprobable con el ADN.
La libertad personal está plagada de límites que se plasman en normas y leyes. Nadie puede matar a otra persona sin incurrir en una grave responsabilidad penal. No decimos «bueno, si ese hombre quiere matar a su mujer es asunto suyo, no nos metemos». La situación es equiparable en el caso del embarazo, ya que tenemos dos vidas, la de la madre y la del hijo concebido.
Tampoco haríamos «la vista gorda» si observásemos que se están produciendo crímenes o maltratos delante de nuestras narices. Se castiga con cuantiosas multas e incluso cárcel a quienes causan daño a algunos animales o incluso a huevos o crías de especies protegidas. Sin embargo, hay un silencio lacerante ante la matanza de niños en el vientre de sus madres. El ser humano, al parecer, no es especie protegida.
Esta postura es la que sostiene el aborto en la legalidad. Es indudablemente muy cómoda, pero moralmente insostenible. Es dejar a los no nacidos en la estacada, ignorar su sufrimiento y su aniquilación. Es abandonar a las madres a su propia necedad, al error inducido por su entorno y por las persuasiones de la cultura de la muerte. Es callar y otorgar ante un drama que no tiene nada de necesario. Y lo más grave: es utilizar la «libertad» como excusa.
La gran contradicción
La postura pro-aborto es, en realidad, incompatible con la defensa del derecho a la vida y con los Derechos Humanos, tan manidos y mencionados hoy día, y esto, de frente y sin tapujos, se vende muy mal al público, aparte de contravenir la legislación internacional. Proponer asesinar a un bebé de pocas semanas no encaja bien en el marketing moderno.
Así que todo el esfuerzo discursivo se centra en tapar la realidad, maquillando los hechos o hablando de otras cosas: de que en muchos países es legal y por lo tanto legítimo, de «empoderamiento», de que es todo muy voluntario y libre, de compasión selectiva, de políticas supranacionales –ONU, OMS, etc–, de supuestos estudios, de peligro para la salud de las mujeres, de contracepción, o de dramas insuperables.
Son formas muy elaboradas de persuasión emocional sin base científica o racional. Venden un falso concepto de libertad: nunca ha habido ni habrá jamás libertad legítima para matar a otro, especialmente si ese otro es muy pequeño y vulnerable. Porque la libertad de uno termina donde empieza la de los demás. Por lo tanto hablar de libertad «porque puedo hacerlo» es una grave manipulación. También el asesino mata a su víctima poque es capaz de hacerlo (en ese sentido es «libre»), pero lógicamente está sujeto a la Justicia y pagará por ello. La maldad o bondad del acto de matar no depende de que sea legal, sino del derecho natural que dice «matar está mal».
Estrategias de ocultación
El abortismo trata desesperadamente de esconder lo que es el aborto: un enorme negocio donde las vidas humanas no cuentan, ni la de la madre cuando salga por la puerta después de abortar, ni la de su hijo asesinado, que será desechado en una bolsa de restos biológicos (que probablemente sean utilizados en otros negocios posteriores).
El abortismo presenta el aborto como «la» opción, y hará creer a la mujer que respeta y promociona su libertad (esta falsa libertad de la que hemos hablado), mientras elabora un mensaje subliminal derrotista, que sigue 2 líneas argumentales principalmente:
1) La deshumanización del bebé: «no es nada, sólo unas células». Y «es tu derecho». Estas mentiras parecerán verosímiles porque es el discurso cultural actual, de los medios y las ideologías reinantes hoy día. Muchas mujeres las creen por ignorancia.
2) «este embarazo no te compensa o no te conviene para tu vida actual; no eres capaz de afrontarlo; en una balanza entre la vida de tu hijo y tu conveniencia, debes elegir tu conveniencia y tu mejor opción es matar a tu propio hijo»
Son ideas que o bien la consideran débil y cobarde, o bien la invitan a cobrarse la vida de su hijo para «quitarse un problema», con un simple objetivo: cobrar los honorarios del aborto de ella o del Estado. La realidad es que en lugar de quitarse un «problema» de 9 meses, se crearán otro mayor que durará toda la vida: el de saberse responsable de la muerte de tu propio hijo.
Estas técnicas de venta intentan desconectar a la mujer de su propia humanidad, de su instinto maternal, de su propia naturaleza, de su moral.
Aprovechan el miedo, la inseguridad y la dificultad del embarazo no deseado para proponer una falsa solución: la muerte de su propio hijo, precisamente a quien debería proteger y amar.
Los operadores de aborto se aseguran de ocultar a la mujer la imagen de su hijo en la ecografía, y el sonido del latido de su corazón. Porque prácticamente todas las que lo ven y oyen siguen con el embarazo.
Y además, tampoco le van a decir que la mujer embarazada ya es madre y su hijo ya existe, y que, por tanto, tiene el mismo derecho a la vida que ella misma. Ni que por muy legal que sea, el aborto sigue siendo inmoral, cruel y cobarde. Es muy probable que tampoco le informen de todos los efectos secundarios y las consecuencias de abortar (físicas, psíquicas y espirituales). No le advertirán de que, si no quiere hacerse cargo de él o ella, darlo en adopción es la única decisión verdaderamente respetuosa para ambas vidas.
Efectos secundarios documentados después de abortos quirúrgicos (supuestamente seguros y legales) en la mujer:
- Perforación del útero
- Lesiones en el cuello uterino
- Complicaciones en posteriores embarazos
- Infecciones y hemorragias (leves o severas)
- Náuseas, vómitos, dolor abdominal
- Fatiga y dolor de cabeza
- A largo plazo, depresión, alcoholismo y otros problemas de salud mental (datos OMS).
- Sentimientos de culpa y de vacío
- Son frecuentes las rupturas de pareja
- Muy raramente, muerte
Posibles efectos de los abortos químicos (con pastillas) en la mujer:
- Hemorragia intensa
- Dolor muy intenso, a veces insoportable, durante horas
- Peligro de graves complicaciones si no hay diagnóstico médico presencial (por ejemplo en embarazos ectópicos)
- Síndrome postraumático al expulsar al bebé muerto
- Mismos efectos psicológicos que el aborto quirúrgico (depresión, adicciones, etc.)
- Probables complicaciones médicas en general
- Muy raramente, muerte.
Sin mencionar los efectos espirituales, que son muy graves, ya que el aborto inducido es un pecado mortal.
Pero no sólo los abortorios suelen ocultar esta información por su afán de lucro, sino que la cultura dominante progresista hace ese trabajo de manipulación en los medios y redes, y ya prepara a las mujeres para que se inclinen hacia el aborto, pues lo venden como algo normal y un derecho. Hablamos de millones de impactos en medios, redes sociales y cauces oficiales. El abortismo posee la poderosa máquina de los medios de comunicación masiva y, por desgracia, la connivencia de muchos gobiernos, organizaciones supranacionales y ONGs.
La realidad es que existen ayudas más que suficientes para llevar a término un embarazo, y todo ello es perfectamente superable. Y si, como ya se ha dicho, con toda la ayuda ofrecida, la mujer no desea tener a su hijo, puede darlo en adopción, respetando su vida.
Dejadas a su suerte
La mujer suele darse cuenta de las mentiras de la industria del aborto demasiado tarde, cuando su decisión no tiene vuelta atrás. A partir de entonces tendrá que convivir con ella misma. Y hasta que no pase por un proceso de sanación y perdón, no se perdonará lo que ha hecho. Y sufrirá múltiples efectos mentales y físicos, a veces de forma subconsciente, con una incidencia muy variable entre persona y persona.
Algunos profesionales sanitarios llegan a la industria del aborto pensando que ayudan a las mujeres, llenos de buenas intenciones y ávidos de ganar dinero. Es muy frecuente la mentalidad de «no es asunto mío» y «cada mujer tiene el derecho de elegir», olvidando que esa libertad y desentendimiento significa la muerte violenta de un ser humano que no puede defenderse ni protestar.
Desde el momento en que se pretende justificar la aniquilación violenta de una vida humana en base a la conveniencia o a circunstancias vitales, tenemos una grande y cruel injusticia. Tenemos una sociedad enferma que ejecuta a sus bebés y encima pretende justificarlo con eufemismos y ocultaciones muy sofisticadas.
Vídeos sobre el aborto
La web CHOICE42.com (Derecho a decidir para ambos) contiene animaciones y vídeos referentes al aborto, tanto sobre el procedimiento, como sobre el debate social y los conceptos más extendidos del pro-abortismo.
La mayoría de ellos están en inglés, pero también los hay en español. Recomendamos su visualización a toda aquella persona que esté pensando en abortar, así como a quienes se sienten favorables al aborto, o tolerantes como una cuestión "de cada cual".
¿Qué ocurre realmente en un aborto?
¿Sabes lo que ocurre realmente en una sala de abortos? ¿Sabes qué métodos utilizan para causar la muerte al bebé en gestación? Aquí te mostramos vídeos sobre el aborto explicados por abortistas que luego se convirtieron a la causa provida.
Vídeos donde se explica un aborto:
https://www.youtube.com/watch?v=k860hLDmlvk
https://www.youtube.com/watch?v=5THDmys8z30
Experiencia del Dr. Levatino después de 1200 abortos
Errores frecuentes en la defensa de la vida
1.- «Creemos que la vida empieza en la concepción»
No, no lo creemos. LO SABEMOS. Nuestras creencias son irrelevantes para los abortistas.No necesitamos creerlo como nuestros ancestros. Que la vida comienza en la concepción es un hecho científico verificable que se enseña en las facultades de medicina, está escrito en los papers de las revistas científicas, en la embriología y hasta se ha filmado en los documentales de National Geographic.
2.- «Ese bebé podría ser el próximo… Beethoven o el médico que descubriese la cura del cáncer».
Como providas valoramos el derecho a la vida por encima de la calidad percibida de esa vida, y no por lo que esa vida contribuye a la sociedad.El origen de nuestro valor como seres humanos no viene de nuestros logros, sino que somos un regalo de Dios. Nunca sabremos lo que podrían haber hecho los millones de bebés aniquilados.
3.- «Las violaciones son sólo el 1% de los abortos»
Cuando “admites” que ese 1% de abortos es más admisible, o simplemente admisible, ya estás cediendo demasiado terreno. Y si te dice ¿qué pasaría si las violaciones fueran el 100%? Te obliga a defenderte. Te presentarán como insensible al drama de la mujer.La violación es un crimen y el violador es un criminal.
- El aborto no evita las violaciones. Tampoco evita el dolor y el sufrimiento de la violación.
- El bebé no tiene que pagar ni es responsable por las circunstancias de su concepción. No las eligió.
- Científicamente no hay diferencia entre un bebé concebido en una violación de cualquier otro o de cualquier persona adulta. Todos tenemos la misma dignidad.
- El bebé no es responsable de los pecados de su padre. Y a nadie se le obliga a pagarlos en ningún otro escenario de la vida.
- El aborto no sólo no evita el trauma de la violación, sino que suma otro trauma
4.- «Si una mujer no quiere tener hijos, debería poner medios»
Este argumento es contraproducente. Sugiere que la contracepción es una solución del aborto, lo cual es falso (sólo lo son la castidad y el matrimonio). Además este argumento deja al hombre fuera de la ecuación. Y culpa a la mujer por una decisión del pasado que no se puede revertir. El embarazo es AHORA. Esta afirmación es prejuiciosa y ofensiva.Todos cometemos fallos. Seamos comprensivos y compasivos. No dejes que abandonen el tema del aborto y te lleven por el camino de la contracepción.
5.- «Los abortos más tardíos son peores que los tempranos».
No. Todos son igualmente salvajes. Si aceptas este argumento les das la oportunidad de adoptar posturas que podrían percibirse como “razonables”, “ajustadas”, “moderadas” o “equitativas”.Te dirán que como los tardíos son peores, por eso hay que redoblar los tempranos.
Los abortos tardíos son más “escandalosos” y sangrientos, pero matan exactamente igual que los tempranos.
El texto de estos «errores» ha sido elaborado a partir del libro Qué decir cuándo de Shawn Carney, disponible en la tienda de Asociación Chiara Corbella
La normalización de la muerte provocada
Con el aborto, la sociedades modernas (a imitación de tantas antiguas, como los aztecas) han conseguido legalizar la supresión de vidas humanas a voluntad, sin ninguna justificación real, jurídica o material, sino simplemente contraponiendo situaciones emocionalmente conmovedoras. Se trata de darle los mandos a la emoción y que nos olvidemos de la razón.
La protección legal de la vida humana queda así reducida sólo al tramo entre el nacimiento y la vejez (y durante la vejez aparece ahora el peligro de la eutanasia), quedando el periodo del embarazo disponible para hacer literalmente lo que se quiera con el ser humano en gestación, precisamente en su etapa más vulnerable, donde no puede escapar, ni protestar ni hablar en su favor. Igual de vulnerable es el caso de enfermos terminales o ancianos a los que se les priva de paliativos y acompañamiento (que es costoso para la Sanidad privada o pública) o se les hace el chantaje emocional de ser «molestos» o «una carga», ofreciéndoles como «solución» la muerte provocada. Según esta perversa lógica, la muerte sería la solución para cualquier situación complicada o dolorosa. Este es el sueño del globalismo y de los eugenistas: menos gente que contamina el planeta.
Es la ley del más fuerte, la ley de la selva, llevada a su máxima expresión mientras los discursos políticos se llenan de «compasión» por los sentimientos personales, de democracia, de derechos humanos, de libertad de las opciones, siempre que estén dentro del marco de lo políticamente correcto en el régimen existente.
Esta «licencia para matar» tiene consecuencias. Quienes aceptan estas justificaciones pronto descubren otras. Si podemos decidir sobre la vida y la muerte de un bebé sólo porque está en el vientre de su madre, también podrían suprimir cualquier vida humana que suponga una molestia en otras circunstancias. Sólo hay que elaborar una justificación oportuna mediante palabras y conceptos aceptados o atractivos. La ciencia de la persuasión, la psicología y los estudios de marketing ya tienen recursos de sobra para hacerlo.
Esta estrategia resulta muy complicada cuando hay individuos recordando la verdad de la vida humana al resto de la sociedad, y desmontando estas trampas del lenguaje tan elaboradas. Ahí es donde entra la censura y las «zonas de seguridad» donde se prohibe esa verdad y sólo se permite el discurso del pensamiento único. Sus promotores dicen que no es censura porque los provida pueden «manifestarse» donde deseen. Claro. Es precisamente frente a un abortorio donde esa verdad se convierte en vital y necesaria, en el momento en que una madre está presionada para acabar con la vida de su hijo, y sólo una palabra amiga puede salvarles a los dos.
